El BARBO
El barbo, fuerte y robusto, habita los ríos de Europa central y se reconoce con facilidad debido a los 4 barbos que presenta cerca de su boca. Tristemente, su potencia de nado y su carácter fiero es lo que ha motivado a muchos pescadores a perseguirlo.
Para conocer mejor a esta especie, vamos a caracterizarla en su medio natural, en lugar de centrarnos en sus cuidados para el acuario doméstico y, en general, el interés que tiene para el divertimento humano. Por eso, no te pierdas nada, pues aquí encontrarás la verdadera cara del barbo en todo su esplendor.
El barbo, cuyo nombre científico es Barbus barbus, es un pez de agua dulce fácilmente reconocible por la característica que le da su nombre, los 4 barbos que nacen del perímetro de su boca. Perteneciente al orden de los cypriniformes y a la famila Cyprinidae, es un miembro del grupo taxonómico de las carpas.
La mayoría de los bancos de barbos viven en aguas rápidas, en los que se mueven con facilidad gracias a su potente capacidad de nado y su morfología hidrodinámica. Suelen tratarse de entornos de agua limpia, con abundante oxígeno y fondo de grava o de rocas, entre las que encuentran su comida o se refugian cuando necesitan descansar.
El barbo es omnívoro y oportunista, es decir, que se alimenta de todo aquello que queda a su alcance. Aun así, su dieta se compone principalmente de gusanos, moluscos y larvas que se ocultan bajo el sustrato del río. También consume la materia vegetal que encuentra a su alrededor, los huevos y las larvas de otras especies.
Comportamiento del barbo
Se trata de un pez de hábitos diurnos (aunque es más activo al amanecer y al atardecer) y gregario. Se agrupa en cardúmenes de tamaño variable que no se suele disgregar nunca, por lo que es fácil verlos a todos buscando comida en el lecho del río, apartando guijarros con sus bocas.
Por otro lado, cuando las aguas se enfrían en invierno, su ingesta se detiene y entra en un letargo que durará hasta la primavera. Para ello se refugian en las rocas del fondo del río, en donde otras especies tienen dificultades para buscar su alimento.
Reproducción
Cuando despiertan de su hibernación, comienza la época de reproducción en mayo-junio, generalmente cuando la temperatura del agua supera los 15 °C. Suelen migrar a lugares de desove con aguas rápidas, donde comienza el cortejo. Las hembras encabezan el camino hacia el lugar elegido, seguidas de una larga hilera de machos que usan tácticas como el chapoteo, nadar a su lado o fertilizar los huevos de manera furtiva.
La hembra golpea la grava con la cola para limpiarla de limo y crear un hueco donde depositar los huevos sin que se los lleve la corriente, y después los tapa de nuevo. Una semana después nacen las crías, que permanecerán varias semanas entre la grava, alimentándose del saco vitelino.

Comentarios
Publicar un comentario